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Thursday, March 07, 2013

Lo que Barack Obama debe saber sobre Chávez


Lo que Barack Obama debe saber sobre Chávez

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La muerte del presidente venezolano Hugo Chávez ha concitado profundas muestras de dolor en su pueblo, líderes de muchos países y de las más diversas posiciones ideológicas han expresado su conmoción por el desenlace fatal  de su salud luego de un largo batallar contra la enfermedad.
En América Latina todos han señalado admiración y respeto hacia el líder bolivariano. Alguien tan alejado de compartir sus ideas, como el presidente chileno Sebastián Piñera, expresó: “Sin duda que teníamos diferencias, pero siempre supe apreciar la fuerza y el compromiso con la que el presidente Chávez luchaba por sus ideas. Quiero decir que él fue un hombre profundamente comprometido con la integración deAmérica Latina”.
La prensa que mintió sistemáticamente sobre él, su obra y su país, y que trató de convertir su salud en materia para la desestabilización de Venezuela, no ha tenido la decencia de detenerse ante su muerte para ofender su memoria, insultar sus políticas y sobre todo fomentar la división y confusión entre el pueblo venezolano y sus líderes.
¿Por qué?
Basta mirar catorce años atrás, cuando el 2 de febrero de 1999 tomó posesión como Presidente de Venezuela, para comprenderlo. Un pueblo desencantado con los políticos tradicionales, mil veces engañado, empobrecido en un país riquísimo, lo había elegido para cambiar su suerte. Chávez cambió el destino de millones de venezolanos, no con políticas “populistas”, como gusta decir la prensa internacional, sino con transformaciones sociales profundas. Soluciones para el acceso de todos a servicios básicos como la salud, la educación, la alimentación y la vivienda, base de un “estado de bienestar” que ahora mismo es barrido en Europa, fueron implementadas por él en la tierra de Bolívar. Sus triunfos elección tras elección, derrotando la alianza de los medios de comunicación, la oligarquía nacional que lucraba con la riqueza petrolera -ahora al servicio de las mayorías- y el gobierno de Estados Unidos, prueban que empoderó a las bases sociales del proceso que encabezó más allá de las coyunturas. Será muy difícil arrebatar a los pobres de Venezuela lo que él les demostró que les pertenece.
Cuando llegó al poder, Estados Unidos seducía a los líderes latinoamericanos con el ALCA, un proyecto de anexión económica que él descarriló para siempre. En el orden internacional, el líder bolivariano convirtió a Venezuela en el motor de la integración latinoamericana, pospuesta durante siglos, junto a Fidel fundó laAlianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA), fue decisivo en la creación de laComunidad de Estados de Latinoamérica (CELAC) y de la UNASUR, además de refundar la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Su papel en la Cumbre de Copenhague sobre Cambio Climático fue decisivo para evitar la imposición desde el Norte de una rendición de los gobiernos delTercer Mundo en este tema que sería catastrófica para el futuro de la humanidad.
Chávez dio voz a los pueblos en cuanto foro internacional  intervino, como Fidel, convirtió en derechos para muchos en el mundo lo que quedaba en promesas siempre incumplidas, por eso es tan querido y, a la vez, tan odiado. Por eso el gobierno de Estados Unidos ha hecho lo indecible por derrocarlo, como demuestran los documentos recientemente revelados por Wikileaks.
“A medida que Venezuela inicia un nuevo capítulo de su historia, Estados Unidos permanece comprometido con políticas que promueven los principios democráticos, el imperio de la ley y el respeto por los derechos humanos”, ha dicho el presidente estadounidense Barack Obama a propósito del fallecimiento del líder venezolano, ignorando que el “nuevo capítulo” lo inició Chávez cuando el 4 de febrero de 1992 insurreccionó contra las oligarquías que Washington impuso al frente de nuestros países. El jefe de losasesinatos con drones, el mantenedor del antidemocrático bloqueo a Cuba, el violador  de leyes que mantuvo años en prisión sin juicio a Bradley Manning, debería saber que la historia no volverá atrás. En Latinoamérica, en gran medida gracias a lo que hizo Hugo Chávez, ya no importa tanto lo que en Washington se diga.
(Tomado de La pupila insomne)

Mis Fotogramas de Chavez.


Mis fotogramas de Chávez


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Te conocí aquella noche en el aeropuerto José Martí, cuando bajaste las escalerillas del  avión que te traía de Caracas, con tu esbelta figura, y tu ropa impecable con cuellito chino. Allí estaba Fidel para darte la bienvenida, algo que no entendí en aquel momento, pero hizo a mi foto portada de Granma.
Después fui con mi lente al Aula Magna de la Universidad de La Habana, donde pronunciaste un gran discurso.  A mi regreso al hogar le comenté a mi padre: “Este hombre, o es un gran farsante, o será un grande de Nuestra América”.
Unos meses después, recibí en mi casa a dos venezolanos que tenían su cámara rota, y me hablaron de Chávez, el hombre del golpe a Carlos Andrés Pérez. Ellos me explicaron algunas cosas y comencé a entender por qué la presencia de Fidel aquella noche de tu primera llegada a La Habana.
En noviembre de 1997, viajé a Caracas, en pleno apogeo electoral, y te vi de nuevo en el televisor, en un debate presidencial. Recuerdo tu discurso humilde, sincero, quizás de pocas aspiraciones, pero pidiéndole a los que se abstenían a votar que lo hicieran por ti. No querías Adecos, tampoco Copeyanos: querías venezolanos.
Luego, supe que eras presidente  y reconozco mi sorpresa. Me sentí feliz. Ya era tu admirador, ya me había seducido tu sonrisa. No solo eras mi esperanza, la de Venezuela; sino la de América.  Sufrí  tus llegadas al aeropuerto de La Habana, donde no se respetaba protocolo alguno y en más de una ocasión me fui sin foto, pues el alboroto de gente alrededor tuyo y de Fidel era tal que no se veía nada.
“¡Fidel!”, así gritaste en el Lobby del hotel Presidente de México, aquella noche del 2 de diciembre del año 2000, cuando un mariachi le cantaba a Cuba y a su Revolución. No quisiste quedar fuera de la celebración, y justo en la puerta del ascensor de aquel hotel charlaste y bromeaste de manera única, por más de una hora, junto a Fidel. Y yo, a tu lado. Recuerdo que hasta conseguiste que nuestro Comandante tarareara el estribillo de una canción.
No se me olvida el acto por el primer aniversario del Alba, en la Plaza de la Revolución. Después de mucho batallar, logré una buena foto de Fidel, Evo y tú enarbolando banderitas y sonriéndole al mundo. Una imagen para la historia, una imagen que conservo en mis recuerdos.
Nos vimos también en Mar del Plata, en el estadio mundialista en aquel acto previo a la Cumbre de las Américas, donde mandaste el ALCA ¡Alcarajo! Tremendo frió en aquel multitudinario acto, junto a Silvio, Evo y Maradona. Tú, como siempre, espontáneo: te pusiste la gorra de un pionero cubano, justo para hacer mis fotos diferentes. No pudo aquella
tarde de  frío contener el entusiasmo y el calor humano de los miles de revolucionarios latinoamericanos allí reunidos, quienes dimos el mayor puntapié de la historia al señor Bush.
Otro día glorioso lo vivimos juntos en Santa Clara, te esperé encima de un camión y fui delante de tu caravana. Tomé fotos del recibimiento que te dio el pueblo, hasta llegar a la Plaza, donde saludaste al Che, y me arrodillé ante ti, para poder hacer una instantánea con los dos.
Sinceramente me estremecí. Después, a tus espaldas,  tomé la foto cuando le depositaste la flor al Guerrillero Heroico.
Al día siguiente de tu histórico Aló Presidente desde la Plaza del Che, ya en La Habana, en el Palacio de Convenciones, tu prensa presidencial miraba mi trabajo en el diario Granma, mientras Marcelo, uno de tus fotógrafos, me dijo: “¿Tú eres Ismael?: Felicidades por las buenas fotos”.
Cuando supe la noticia de tu secuestro estaba en Moa. Había un campeonato de Softbol. Seguí por las televisoras extranjeras cada paso de aquel suceso en el que te involucraron. Simplemente no quería creerlo, quería pensar que era una farsa mediática más. Sentí tanto orgullo al verte regresar al Palacio Miraflores; que creo no se lo dije a nadie. El mismo palacio que conocí en 1997, cuando fui retenido por tirarle fotos a la Casa de Gobierno. Eran épocas de presidente
Calderas.
Nunca viajé a Venezuela durante tus mandatos; nunca hasta después de saber de tu enfermedad. Siempre confié en la Ciencia y los médicos cubanos que te ayudarían a superarla; y también en tu Dios, ese que tanto invocaste, y que hice mío por tu salud.
Llegó el día en que me dijeron “Prepara viaje”, pero sin decirme a dónde. Aquel misterio y tu presencia en Cuba para operarte por primera vez, me hizo pensar de inmediato que mi viaje tendría alguna relación contigo. Y así fue. Era para acompañarte de regreso a tu Patria y que participaras en los actos conmemorativos por el  aniversario 200 de la Liberación de Venezuela, con apenas cinco días de haber sido intervenido quirúrgicamente.
Recuerdo tu llegada al Aeropuerto acompañado de Raúl. Cuando bajaste con dificultad del auto, cuando extendiste tu mano para saludar al equipo de prensa; entre ellos, Omar de La Cruz, Gladys Rubio y yo. Fue la primera vez que  intercambiamos un saludo en el que jocosamente le dijiste a Raúl que yo estaba gordo. No dudo que ambos me sacaron los colores en aquella media noche de tu silencioso regreso a la Patria de Bolívar.
En aquel entonces, tus fotos recorrerían el mundo. Todavía yo no tenía plena conciencia de lo que estaba haciendo. Al subir, nos diste las intrusiones precisas para lo que haríamos al llegar a Caracas, que sería a las 3 de la madrugada.
Ya en tu tierra, te sentí feliz y fuerte. Desde allí logré fotos que calaron hondo a mis amigos. En aquella oportunidad festejaste el triunfo de la Vino Tinto en el fútbol. Trabajé mis fotos, las miraste, se copiaron en CD y fueron puestas a disposición del mundo a las 7 de la mañana. Nadie sabía en Venezuela que Chávez estaba nuevamente en la Patria de Bolívar.
Al salir del aeropuerto de Maiquetía rumbo a Caracas, me sorprendió un amanecer tan bello como tu regreso, lo tengo aún conmigo, por esa suerte que tenemos los fotógrafos de llevar la historia a nuestra casa, sea de donde sea.
No volví a verte, no volví a fotografiarte, aunque estuve siempre atento a tus noticias y a tu salud. Me gustó verte bajo la lluvia defendiendo la unidad de tu Revolución días antes de las elecciones. Fue así que lamenté, profundamente, no estar  a tu lado.
En julio, mientras jugaba softbol en Ciego de Ávila, me asignaron para trabajar con una de tus hijas. Cumplí la tarea de enviarte día a día las fotos a la capital, mientras te dabas tratamientos de quimioterapia. Te aseguro que puse el alma en cada imagen, para ayudar a tu recuperación desde mi humilde trinchera: mi cámara.
Confieso que tus palabras pidiendo la unidad y recomendando a Maduro las tareas por venir, me apretaron el alma. Después, ya en Cuba, volví a confiar en tu Dios, en mi Dios, en nuestros médicos, en lo justo de la vida, y de las palabras de Fidel, el día de las elecciones, cunado dijo que estabas bien en aquel mensaje que me dio tranquilidad.
De visita en Bayamo, en casa de mi familia supe la noticia de tu regreso. Miré a mi padre y, como siempre, con la dureza de la sinceridad le dije: “Viejo, yo creo que ha regresado para morir en Venezuela”. Y confesé: “No te volveré a ver, Comandante”, seguro de que tu espíritu y tu imagen me acompañarán siempre, porque tengo la suerte de, como profesional del lente, mirar diferente, de llevarte en la mente cuadro a cuadro, instante a instante.
Hoy cuando escucho declaraciones, comentarios y opiniones, las que coinciden en que “estés donde estés estaremos contigo”, yo les afirmo que sé dónde estás, no tengo la menor de las dudas: estás en el corazón de millones de hombres y mujeres de buena voluntad de este planeta, y por eso vivirás siempre.
A ti te agradezco, Comandante, pues sin tú saberlo, y con mucha humildad, me hiciste un ser humano diferente.
Gracias, Chávez.
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Chávez. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
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Chávez junto a Silvio y Amaury Pérez. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
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Chávez y Diego Maradona. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
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Chávez. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
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Chávez. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Chávez y Raúl. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Chávez y Raúl. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
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Chávez, Fidel y Evo. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Chávez y Fidel. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Chávez y Fidel. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Chávez. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Chávez. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
En Santa Clara junto al Monumento del Che. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
En Santa Clara junto al Monumento del Che. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Chávez hablando en La Habana. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Chávez hablando en La Habana. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
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Chávez. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
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Chávez. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
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Chávez en Santa Clara. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
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Chávez en el Mausoleo del Che, Santa Clara. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.